El loco discurso de Trump resta seriedad al tratamiento de temas de enorme importancia, y desconcierta cuando acusa al Gobierno de México de estar aliado con el crimen organizado, al tiempo que se refiere a la Presidenta Claudia Sheinbaum como una “mujer maravillosa” y se dice admirado con la estrategia de la Presidenta que publicita el rechazo a las drogas.
En su convocatoria a la guerra contra las drogas, Trump omite remontar al origen histórico del problema. Las drogas han existido siempre, pero su producción masiva y su utilización como arma de conquista comercial, política y militar ocurre a raíz de las Guerras del Opio entre Inglaterra y China (1839-1860), en las que para equilibrar su balanza comercial la Corona Británica impuso al Pueblo Chino el consumo del opio generando doce millones de adictos, a partir de lo cual su elite se corrompió y el Gobierno Imperial colapsó en 1911.
Una vez concluida la Primera Guerra mundial, que coincidió con el desarrollo farmacéutico que permitió utilizar los opioides como analgésicos, los Estados Unidos iniciaron el cultivo de opio en México, en los confines de la sierra entre Durango y Sinaloa. Además de ser un gran negocio, al término de la Segunda Guerra Mundial inició la utilización de las drogas como medio de control social en los Estados Unidos, mediante una política pública inconfesada que alternó el opio con la marihuana mexicana y la cocaína procedente de Colombia.
En la segunda mitad del Siglo Veinte la promoción del consumo de drogas fue acompañada con una campaña psicodélica (destructiva de la mente) que caló profundo en la cultura de masas y el estilo de vida del pueblo de los EEUU. La lucha por los derechos civiles, las protestas en contra de la guerra de Vietnam y otras causas sociales, fueron contaminadas con mensajes que están presentes en la música, el cine, el radio, la televisión, etcétera, y promueven hasta el día de hoy el consumo de drogas como una experiencia ordinaria desde la adolescencia.
Llama la atención que Trump se sorprenda de la necesidad de contrarrestar el consumo de drogas difundiendo información que revele los terribles males que causa dicha práctica viciosa, cuando es urgente emprender un gran movimiento social e institucional que revierta el consumo y restaure la dignidad humana. Trump desvaría al pedir pena de muerte para combatir este flagelo, pero es positivo que advierta que los EEUU son responsables del tráfico de armas que apertrecha a los criminales que operan en México y reconozca la necesidad de incautar el dinero sucio en los bancos estadounidenses, porque la clave está en que el narco deje de ser negocio.
Las organizaciones a las que el gobierno de Trump declaró terroristas la semana pasada no son mexicanas, sino de origen, integración y cobertura internacional, que transportan y distribuyen el fentanilo que proviene de China, en suelo mexicano y norteamericano. El reiterado planteamiento de la presidenta Sheinbaum en el sentido de que en este tema es necesaria la colaboración coordinada de los dos países, con absoluto respeto a la soberanía de ambos, es un discurso de sentido común en boca de una persona inteligente, que no necesita ser alagada con el cursi calificativo trumpiano de “maravillosa” (1).
(1) Si deseas más información sobre este tema, te ofrezco mis artículos Hipocresía de Trump y Guerra Mundial en México, en este mismo Blog Archivo Adjunto.
No se habla o pública programas preventivos para disminuir el consumo de drogas,a nivel primaria/secundaria.