La asamblea celebrada en el Zócalo el domingo pasado a convocatoria de la Presidenta de México, tuvo por objeto cerrar filas en el ámbito nacional entre ciudadanos y gobierno, frente a la guerra de aranceles desatada por Estados Unidos a nivel global, que incluye a nuestro país.
Se trata de una manifestación de la energía que transmite a nuestra vida pública la presencia directa del Régimen para efectos de información e interactuación, que no solo atiende a los más pobres, sino que hoy día se extiende a todos los estratos sociales incluso al sector empresarial. Los detractores del Gobierno dicen que tales formas a las que califican de populistas, no quitan el sueño a Donald Trump, pero lo cierto es que sorprenden porque aunque se dan a contracorriente de la prensa comercial y las redes sociales enajenantes, el fortalecimiento de la cohesión social en torno a la mandataria Claudia Sheinbaum es un hecho.
Quienes escatiman mérito a la Presidenta enfatizan que la tregua en la aplicación de aranceles se logró por gestiones de las automotrices de allende el Río Bravo y como rectificación frente a la caída de la bolsa en Nueva York, pero tales señalamientos confirman que al menos un sector del empresariado multinacional y los mercados financieros reconocen que la postura del Gobierno de México es la correcta y que el Gobierno de EEUU está equivocado. Además la coincidencia de lo demandado por los sectores sociales en uno y otro lado de la frontera a sus respectivos gobiernos, parte del principio según el cual, al compartir el mismo territorio continental, México y los EEUU viajan en el mismo barco.
Lo que acontece revela una expresión democrática transnacional en la que dos pueblos vecinos que comparten intereses comunes, señalan a sus respectivos gobiernos el rumbo a seguir, con independencia de la visión de los grupos políticos que ejerzan el poder en un momento determinado. De hecho la pausa conseguida en la guerra arancelaria no se puede atribuir al mérito de una sola persona sino al esfuerzo conjunto de ciudadanos y sectores productivos conducido por los gobiernos involucrados, que en el caso de México corresponde a la mandataria en turno.
Por ello la postura de México y la actitud sólida y a la vez mesurada de Sheinbaum es un referente de dignidad y defensa de la soberanía nacional. En el Zócalo la Presidenta mantuvo la línea de conciliación frente al socio que de pronto devino hostil y reiteró su propuesta que se resume en el Plan México, que con o sin aranceles convoca a fortalecer la productividad, substituir importaciones e impulsar el consumo interno, a cuyo llamado responde la adhesión mayoritaria de los mexicanos de todos los sectores sociales, en torno al proyecto nacional que su Gobierno encabeza.
Sin embargo no es tiempo de echar campanas al vuelo; lo obtenido solo es una tregua en una guerra comercial que sigue siendo de pronóstico reservado, con el agravante de que Trump utiliza como pretextos el tráfico de fentanilo y la migración ilegal, haciendo una revoltura temática que es necesario discernir para distinguir y resolver. Guerra comercial aparte, lo cierto es que la delincuencia internacional que impulsa el trasiego de armas y drogas, así como el tráfico de personas, plantea para ambos pueblos un problema real de seguridad nacional, de salud pública y de gobernabilidad, que los mexicanos esperamos que se siga atendiendo como hasta ahora. (1).
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