El vigésimo quinto aniversario del triunfo electoral de Vicente Fox que se cumplió la semana pasada, ha dado a la oposición la oportunidad de celebrar aquella alternancia, añorando la época neoliberal PRI-PAN, como si se tratara del Edén Perdido.
Es cierto que la alternancia que se dio en aquel momento fue de gran importancia para México, porque marcó el fin de la hegemonía del partido de estado e inició el camino a la democracia plena aún inconcluso, sin embargo, quienes evocan esos días como un paraíso, no explican por qué si aquello era lo máximo, el sistema neoliberal y sus instituciones colapsaron en las elecciones presidenciales de 2018. Este silencio viene de la falta de autocrítica de los partidos derrotados, que después de siete años no han hecho un análisis al respecto, de cara a los mexicanos y a su propia militancia, porque sus dirigentes son incapaces de asumir su responsabilidad.
Carece de sentido lamentar el regreso a la economía mixta, la reforma energética, la desaparición de los órganos autónomos, la reforma judicial, etcétera, porque los llantos parten de la falsa premisa según la cual, las instituciones recién desmontadas funcionaban bien. Es cierto que la alternancia dejó atrás muchos de los vicios de la hegemonía priísta, pero también es cierto que el estado neoliberal no rindió los resultados esperados porque sus instituciones fueron mal diseñadas y peor operadas, y eso es responsabilidad de los protagonistas políticos de aquel momento.
Por supuesto que el sistema funcionó pero no para la mayoría de los mexicanos, porque las utilidades del crecimiento económico se fueron en gran parte al exterior o se quedaron en un grupo minúsculo de magnates; la corrupción de la clase política creció de modo brutal y la desigualdad entre ricos y pobres así como la marginación y la pobreza aumentaron en forma exponencial. Al mismo tiempo la obra pública y la inversión en infraestructura languidecieron y pese a las políticas asistenciales recientes y una mayor eficacia en la recaudación fiscal el 1% de la población acapara el 46.9% de la riqueza nacional, contra lo que indican los estándares mundiales de Justicia Social.
El fracaso se explica porque el PAN abandonó los principios de su doctrina social del Bien Común y mediante alianzas en lo obscuro con el PRI, aquel intento democrático concluyó en una partidocracia entregada a los intereses de factores reales de poder nacionales e internacionales, lo cual pavimentó el regreso del PRI a Los Pinos. Al interior del PAN su dirigencia fue tomada por un grupo faccioso que hasta la fecha tiene secuestrado el padrón de afiliados, impuso el sistema de asignación directa de candidatos y sepultó la renovación de sus órganos de dirección por voto de los militantes.
Los vicios mencionados y la obstinación por aferrarse al pasado, explican la irrelevancia actual de la oposición, que sigue siendo incapaz de ofrecer una propuesta a los mexicanos, de cara al futuro.

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