Ante las amenazas de Donald Trump respecto a una intervención militar en México, setenta y cinco congresistas de los EEUU mandan una carta a su Presidente en la que advierten que tal invasión sería “desastrosa” para aquel país.
A diferencia de los imperios de antaño, el hecho revela el conflicto entre Estado y Mercado en virtud del cual, los dueños del gran capital global pretenden imponer su avaricia sobre los pueblos de los Estados Nacionales, incluidos los Estados Unidos, a despecho del bien común de las sociedades de dichos estados. Trump impone aranceles a nuestros productos; grava el dinero que para el pan de cada día, envían los trabajadores mexicanos a sus familias; deporta a cientos de miles de migrantes y ordena el traslado de plantas de producción binacional a los EEUU, contra la naturaleza misma de la relación México EEUU, que implica a millones de ciudadanos y a muchas empresas.
En su carta los Congresistas recuerdan a Trump que México es el principal socio comercial de los EEUU, cuya inversión directa en nuestro país superó los 14.5 billones de dólares el año pasado; que existen lazos de amistad y de familia entre ambas comunidades nacionales y que la invasión además de causar agravio a nuestra Soberanía, violaría el estado de derecho en los EEUU. Los Congresistas añaden que a su juicio el actual Gobierno de México ha logrado avances sin precedente en el rubro de seguridad y destacan la entrega a los EEUU de 55 jefes criminales y las mayores incautaciones de fentanilo en la historia (1).
Tienen razón los Congresistas en su advertencia, que aunada al descontento creciente por la violación sistemática de la Ley por parte de Trump, sus aventuras bélicas y los crímenes del Servicio de Control de Inmigración ICE, convoca a conjurar la amenaza tanto a líderes políticos y sociales como a la ciudadanía de ambos países. Lo cierto es que México y los EEUU no solo son países vecinos, sino una realidad multinacional inmersa en un proceso histórico de integración, en el que imperan dos Estados Soberanos que comparten el mismo territorio continental y se deben respeto mutuo.
El narcotráfico tiene su principal motor en el consumo de drogas en los EEUU, a partir de la promoción de una contracultura de masas exportada a todo el planeta, que por una parte genera un inmenso mercado que produce dinero sucio a raudales y por otra, opera como medio de enajenación para efectos de control político. El caso es que no existe en los EEUU una política de Estado ni un esfuerzo social decisivo que tienda a revertir este fenómeno destructivo, ni a combatir las adicciones atendiendo a las causas.
Por otra parte las armas hechas en EEUU siguen llegando a México apertrechando a los criminales y poco o nada se hace allende la frontera, en contra de las bandas que distribuyen la droga en las calles y atesoran las ganancias en los bancos de aquel país. Tal cosa hace pensar que la verdadera intención es la de reafirmar el control del negocio, amenazado a raíz del flujo de fentanilo procedente de China (2).
Se trata de una embestida en contra de los pueblos y los gobiernos tanto de México como de los EEUU, por parte de una oligarquía que quiere gobernar al mundo por encima de los Estados Nacionales y por tanto, la solución a las amenazas del autócrata, está en fortalecer el ejercicio democrático en ambos lados de la frontera, que determine el resultado de los próximos procesos electorales.
(2) Si deseas más información sobre este tema, te ofrezco mis artículos Guerra Mundial en México, Tráfico de Muerte e Hipocresía de Trump, en este mismo Blog Archivo Adjunto.

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