El resultado del Foro Económico Mundial celebrado en Davos la semana pasada, pone de manifiesto el fin del orden internacional posterior a la Segunda Guerra Mundial, que hoy está devastado.
Aunque el discurso delirante y grotesco del Presidente de los Estados Unidos acapara la memoria de Davos, a la larga prevalecerá la propuesta del Primer Ministro de Canadá, porque sugiere la ruta a la que apuntan los acontecimientos, a menos que los EEUU decidan ejercer su dominio desatando una guerra mundial. Tal extremo es posible porque los EEUU se muestran dispuestos a utilizar su poderío militar para someter e imponer condiciones al resto de los países ricos, medianos y pobres, al costo que fuere, en términos de pérdida de vidas humanas y destrucción.
Tras la caída de un sistema que no volverá, Carney hace un llamado para transitar al futuro en busca de un punto de equilibrio, para conjurar el peligro de una conflagración (1). No es que Carney haya descubierto el hilo negro; en abril de 1955 los países de Asia y África reunidos en la Conferencia de Bandung, Indonesia, que fueron convocados por estadistas de la talla de Gamal Abdel Nasser de Egipto y Jawahrlal Nehru de la India, trazaron una tercera vía frente a los imperios en pugna: EEUU y la Unión Soviética (2).
México hizo lo propio al proponer al mundo la Carta de los Derechos y Deberes Económicos de los Estados, y obtuvo la resolución 3281 de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas ONU, que fue aprobada en diciembre de 1974 por 120 países, frente a 6 votos en contra y 10 abstenciones (3). Ambas construcciones diplomáticas están basadas en los principios de Igualdad Soberana de los Estados y Autodeterminación de los Pueblos, como pilares del Derecho Internacional que a pesar de todo, sigue vigente en cuanto al Deber Ser al que aspiramos.
Carney propone lo obvio: Que cada país decida sus tratos comerciales a su albedrío y conveniencia, lo que implica diversificar sus relaciones multilaterales en el mundo que viene; exige respeto a la Soberanía e integridad territorial de los Estados y que se mantengan abiertas y seguras las rutas comerciales del planeta. Lo novedoso de la convocatoria canadiense, reside en que no surge del Tercer Mundo sino de un país integrante de la Comunidad Británica de Naciones y miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte OTAN, lo que revela la quiebra del sistema, porque ningún país se siente a salvo de la voracidad del Imperio.
Mark Carney inicia su alocución con un mea culpa porque reconoce que Canadá como otros estados se han plegado en el pasado a los intereses imperiales sin chistar e incluso compitiendo entre sí para quedar bien con el poderoso. Sin embargo el valiente discurso de Carney en Davos solo será creíble si va seguido de hechos concretos, ya que es sabido que en Canadá tienen asiento compañías mineras de capital internacional, que en diversos países de Latinoamérica, incluido el nuestro, extraen minerales en forma abusiva e inicua y sin respeto al medio ambiente.
Si la postura de Carney es sincera y no se raja, Canadá será un buen aliado de México en el camino de prosperidad compartida que el Gobierno de la Presidenta Claudia Sheinbaum lucha por mantener, a partir del respeto a la Soberanía de los Estados Nacionales.
(2) Wilkipedia. Conferencia de Bandung celebrada en Indonesia en 1955.

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