El anuncio hecho por Grupo Bimbo, la panificadora más grande del mundo, en el sentido de que dicha empresa invierte en México hoy día, 200 mil millones de dólares, en la renovación de 30 de sus plantas nacionales y en su flota de vehículos eléctricos de reparto, es prueba de un cierre de filas en torno al Plan México, propuesto por la Presidenta Claudia Sheinbaum.
La empresa mexicana con presencia en 35 países que sostiene 149 mil puestos de trabajo, nació en 1945 bajo el liderazgo de Lorenzo Servitje, fundador de la Unión Social de Empresarios de México, A. C., USEM, agrupación gremial inspirada en valores del humanismo Cristiano, que busca el Bien Común de la Sociedad, bajo los Principios de Solidaridad y Subsidiariedad. La USEM se ha mantenido ajena a la politiquería que intoxica nuestra vida pública, y desde su inicio ha estado animada por un profundo compromiso con el desarrollo integral de la persona humana y de la vida social (1).
A ello corresponde que en La Mañanera del viernes pasado, el director de Bimbo México José Manuel González Guzmán, haya compaginado la filosofía de la empresa con la política pública de Bienestar Compartido del Plan México, con lo cual Bimbo se expresa con hechos y palabras. Es meritorio lo obtenido por la empresa en la integración de los sectores involucrados en su cadena productiva, desde el pago de precios justos a los agricultores que surten la materia prima, hasta el trato solidario con sus proveedores en un marco de conservación del medio ambiente, todo ello, teniendo como prioridad el bienestar de sus propios empleados y trabajadores (1).
La mayoría de las opiniones coinciden en que en la Guerra Arancelaria desatada por los EEUU, la estrategia de Cabeza Fría de la Presidenta Sheinbaum es la correcta, pero a últimas fechas sus adversarios la instan a que abandone dicha postura para verla tropezar y hasta algunos de sus seguidores de buena fe, pero impacientes ante los embates de Trump, proponen que adopte una postura agresiva, similar a la del Presidente de Brasil Lula Da Silva. Tales opiniones pasan por alto que la resistencia de nuestro Gobierno no ha sido meramente pasiva, sino que se manifiesta en diversas líneas pro activas que son las idóneas.
La primera es la convocatoria al empresariado nacional, que el caso Bimbo prueba que ha rendido frutos, sumada a la gestión con las empresas de EEUU implicadas en cadenas productivas en las que México es parte, como ocurre con la Industria Automotriz o la empresa Delta y el ramo de transporte aéreo de carga. Otra de las estrategias consiste en la búsqueda de nuevos mercados en Asia para el jitomate y otros productos afectados por la imposición de aranceles, con los cuales pareciera que los EEUU no solo se están dando un balazo en el pie, sino que de seguir Trump acabará amputando ambas piernas al Tratado México, EEUU y Canadá, T-MEC.
Destaca el apoyo directo a los migrantes mexicanos en la lucha por sus derechos, que tiene una expresión notable en la creación de una Tarjeta del Bienestar que facilita los envíos de remesas a México, libres del arancel impuesto a las remesas en efectivo. En cambio no es opción ninguna decisión extrema como sería la de ingresar en este momento al grupo de los países BRICS, porque en la comedia negra que vive la humanidad hoy día, tal eventualidad pondría a Trump en la tesitura de desatar una guerra nuclear en contra de China y Rusia.
El mayor desasosiego mostrado por Trump en las últimas semanas revela el impacto de la política de Cabeza Fría, de bajo perfil pero por lo visto eficiente, que puede volver al magnate metido a político, más loco de lo que está.
(1) Unión Social de Empresarios de México, USEM. Página digital.
(2) Grupo Bimbo. Página digital de la empresa panificadora líder y más grande del mundo.

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