El primer informe de la presidenta Claudia Sheinbaum, ofrece a México estabilidad en el mar del entorno global, en el que estuvimos navegando al garete.
El Informe da cuenta de un proyecto político y económico que trasciende de un sexenio a otro y esto es una novedad en los últimos cuarenta años, cuando cada presidente lejos de atender al bien público con un plan de largo plazo, operaba para satisfacer ambiciones de factores reales de poder de toda índole y al final de su sexenio salía entre abucheos al autoexilio. Hoy día el país está unido en torno a la lucha contra la inseguridad, con énfasis en las causas sociales, el combate a la pobreza, el crecimiento del mercado interno, el aumento de la productividad y la substitución de importaciones, así como para enfrentar los retos que plantea la relación con los Estados Unidos.
Tenemos una presidenta que sin ser perfecta está a la altura de las circunstancias, y a muchos nos cuesta imaginar como estaría México con cualquiera de los presidentes de la era neoliberal, enfrentando los retos que plantea el actual entorno internacional tanto económico como político. Es cierto que el informe de la Presidenta no ofrece mayores novedades, porque ella está en contacto con sus gobernados en el día a día, escuchando a la gente, informando de los planes y proyectos así como de los avances de su gestión, y no solo desde el espacio mañanero, sino de modo presencial, físico y en forma literal, con los pies en la tierra.
Son de sobra conocidos los índices de reducción de la pobreza, el aumento al salario mínimo, los apoyos económicos para el bienestar, y el nivel sin precedentes en inversión extranjera directa así como la estabilidad en el tipo de cambio de nuestra moneda y de la economía en general. Tales indicadores optimistas podrán ser confirmados o desmentidos en los próximos días, en que en el Congreso analizará el informe a detalle y los legisladores de las bancadas partidistas debatirán al respecto, lo que esperamos hagan en forma civilizada y con altura de miras.
Lo inusitado no estuvo en el Informe de la Presidenta sino en la postura de un sector de oposición que habló por voz de Alejandro Moreno, pidiendo la intervención internacional porque el Gobierno de México “es un peligro para el mundo…”, y reclamando por las cuentas que según el dirigente del PRI, nos viene a pedir Marco Rubio a nombre de Donald Trump. Después de una andanada de insultos y fuera de sí, el arrastrado “Alito” cuestionó: “¿Que le van a decir… al Secretario de Estado de los EEUU?…”, con lo cual se pone al nivel de Lorenzo de Zavala (1788-1836), prototipo del antimexicano que colaboró en el despojo del territorio texano, y primer vicepresidente de la República de Texas (1).
La buena noticia en el campo de la oposición es que Movimiento Ciudadano reitera su compromiso de ofrecer una agenda propia; criticar al gobierno cuanto sea necesario y apoyarlo cuando lo amerite. En cuanto a Acción Nacional se avizora que dicho partido tome distancia de la postura histérica del PRI, abriendo la posibilidad de que en el PAN vuelva algún día la cordura y contribuya a la hechura de una oposición racional que responda a esta época.

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