Lamento en la ONU.  

Luis F. Salazar Woolfolk

27 de septiembre de 2022

El discurso de Antonio Guterres, Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que pronunció en la Asamblea General  reunida el martes de la semana pasada,  en relación a la crisis del mundo contemporáneo, es un lamento dramático pero no trasciende, porque el discurso no reconoce  la responsabilidad que corresponde a la propia ONU.


En su discurso (1) Guterres  se refiere al entorno mundial como si de otro planeta se tratara, en el que la ONU nada tuviera que ver con  los hechos que nos han conducido a “la disfunción global” que denuncia el diplomático,  en virtud de la cuál asegura: “la comunidad global no está preparada ni dispuesta a enfrentar los desafíos… que amenazan al futuro de la humanidad…”.  El mensaje inicia celebrando la  gestión de la ONU que  contribuyó  a  la salida  de cereales ucranianos al  mercado mundial a través del Mar Negro, lo que constituye una alabanza que por venir de  boca propia, debemos considerar vituperio.

Después  de abordar el tema del cambio climático, Guterres  proclama  una verdad de sobra conocida, al sostener que  el sistema financiero mundial fue creado para servir a los intereses de los países ricos y profundiza y consolida la desigualdad. Guterres denuncia “la soberbia y la falta de ética” como la raíz de los males que enfrenta hoy día la humanidad, pero sus palabras no son  el “mea culpa” que esperaríamos de un Secretario General de la  ONU, sino que parecen el  discurso de un contestatario radical que critica al sistema desde afuera o el de un profeta religioso que fustiga a sus oyentes por apartarse del buen camino.

Antonio Guterres es un político portugués  afiliado a  la Internacional Socialista,   ligado a los intereses de la Unión Europea. En 1973 comenzó como diputado en Portugal, su país de origen,  e intercaló la  función  parlamentaria en el área diplomática a nivel continental, con una carrera ascendente en el gobierno portugués, en virtud de la cual llegó a Primer Ministro  en 1995. En  2005 se incorporó a la burocracia de la ONU como Alto Comisionado en  Asuntos de Refugiados y  fue designado  Secretario General en enero de  2017.

Su trayectoria lo hace  protagonista de la  política internacional de nuestro tiempo; pertenece a una generación que pasará a la historia por haber dejado pasar la oportunidad de construir  un nuevo orden mundial  con mayores posibilidades  de  paz y de justicia al fin de la guerra fría, una vez caídos el Muro de Berlín y el Telón de Acero. En efecto, en  lugar de asistir al parto natural de la comunidad internacional multipolar que hoy existe en el mundo,  la ONU está empeñada en construir un poder unipolar  hegemónico  contra natura,  en torno a los Estados Unidos y  la Unión Europea (2).  

Lo más interesante es lo que  el discurso  calla y no dice. Guterres condena al sistema financiero internacional, pero no propone gravar las utilidades obscenas de las corporaciones bancarias a nivel mundial; condena la guerra en Ucrania pero no alienta propuesta alguna de paz; critica a los sistemas  educativos vigentes, pero soslaya que la ONU ha sido la inspiradora e impulsora de tales sistemas. La omisión más grave concierne a la producción y comercio de armas y al tráfico de drogas, que son la esencia de la verdadera guerra mundial que hoy día azota a la humanidad, llenando de sangre las calles de prácticamente todas las ciudades del planeta, desde Nueva York y Chicago hasta Guadalajara o Hermosillo.

Las pretensiones de la ONU implican por añadido la imposición de un modelo cultural único, amoral, relativista, consumista, tecnocrático y malthusiano, que nutre “la soberbia y la falta de ética”,   que Guterres señala como causa de la crisis mundial, en lugar  de atender (la ONU)  las diferencias naturales que derivan del espíritu, carácter e intereses de cada pueblo o nación. La unidad como fin de la diplomacia, presupone la existencia de una diversidad. El discurso de Guterres no contiene una sola palabra que mencione ni concilie esa diversidad que es una realidad y al contrario, concluye con un vano empeño de unidad inconcreta y utópica, cuando pide: “trabajemos en una unidad… como una coalición del mundo”

(1) Discurso de Antonio Guterrez, del 20 de septiembre de 2022, ante la Asamblea General de la ONU.

(2) Si deseas más información sobre el tema, consulta mi artículo: La ONU, ¿cartucho quemado?, en este mismo Blog Archivo Adjunto.

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