El Milagro de la Virgen de Guadalupe es parte esencial de la identidad mexicana, formada a raíz del encuentro de los pueblos de América en la Conquista, y la caída de la Gran Tenochtitlán, capital del Imperio Azteca.
El culto a la Guadalupana es una de tantas invocaciones a la Madre del Cristo histórico y teológico, que surgen del fervor del Pueblo Cristiano. Lo anterior aunado a que en la Biblia existe un aprecio ancestral por María, desde las referencias a la Mujer que aplastará la cabeza de la Serpiente en Génesis 3:15, la Mujer Vestida de Sol en Apocalipsis 12 y el anuncio de la Virgen que dará a Luz en Isaías 7:14, hasta los episodios evangélicos de la Anunciación en Lucas 1:26, las Bodas de Caná en Juan 2:5 y de María al pie de la Cruz en Juan 19,26-27, cuando fue declarada Madre Nuestra por Jesús agonizante.
Lo anterior viene a cuento porque el Dicasterio de la Doctrina de la Fe del Vaticano, publicó el mes pasado la Nota Doctrinal: Madre del Pueblo Fiel (Mater Populi Fidelis), en la que el Pontificado de León XIV puntualiza los alcances del Culto Mariano y ratifica con claridad y contundencia que el único Redentor y Mediador entre el género humano y el Dios de los Cristianos es Jesús, el Verbo Encarnado. Esta precisión es importante y necesaria en sí misma, aunque hay quienes resaltan que busca un acercamiento con las confesiones protestantes que objetan el culto a la Virgen.
La Nota Doctrinal se sustenta en las Sagradas Escrituras y en la Tradición, desde la Filosofía Patrística hasta nuestros días. El documento ha provocado críticas por parte de una teología feminista que pide el Orden Sacerdotal para las Mujeres, y se duele de que María “sea reducida a su maternidad” sin embargo, lo cierto es que pese a su brevedad, el texto valora de modo integral y pleno, tanto la cooperación de María en la obra de la Salvación, como el vasto papel de la Mujer en la Iglesia, con el añadido de que el reconocimiento de María como Madre de Dios y de la Iglesia no es poca cosa, por lo que es recomendable leer el documento completo (1).
En el caso de Santa María de Guadalupe, el portento de la maternidad universal de la Virgen opera como elemento de fusión de razas y síntesis entre las culturas indígenas originarias y las venidas del otro lado del Atlántico en el Siglo XVI, que se funden en un Milagro que consiste en la búsqueda en común de espiritualidad y del sentido de la vida. A ello obedece que muchos mexicanos se sientan guadalupanos, con independencia de su adhesión a la Fe católica.
Un ejemplo notable del Milagro Guadalupano, ante el drama y contradicción de lo humano, lo ofrece Antonio Plaza, poeta mexicano del Siglo XIX y soldado liberal en la Guerra de Reforma, que desgarrado en su agnosticismo, anda en busca de algo que sin darse cuenta ya encontró, cuando postrado de rodillas, en oración exclama:
Si eres ¡oh Virgen! embustero mito,
yo quiero hacer a mi razón violencia;
porque creer en algo necesito,
y no tengo Señora una creencia.
Aquí me tienes a tus pies rendido,
y mi rodilla nunca tocó el suelo;
porque nunca Señora le he pedido,
amor al mundo ni piedad al Cielo. (2)
(1) Nota Doctrinal del Pontificado de León XIV, sobre el culto a la Virgen María.
(2 ) A María la del Cielo. Poesía completa de Antonio Plaza.

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