La recepción en la Casa Blanca la semana pasada de Ahmed al Sharaa, después de haber estado en la lista de los mas buscados del FBI desde 2017 y de haber ofrecido una recompensa de diez millones de dólares por su búsqueda y captura con motivo de sus vínculos con Al Qaeda, pone de manifiesto la complicidad a conveniencia del gobierno de los Estados Unidos con terroristas.
Ahmed al Sharaa es el presidente de Siria que llegó al poder en enero pasado, no por vía de elecciones democráticas, sino en virtud de una guerra civil que duró catorce años que en diciembre de 2024 derrocó al gobierno de Bashar al-Ásad. En dicha guerra civil participaron diversas fuerzas algunas de las cuales recibieron apoyo de los Estados Unidos por debajo del agua, cuya sospecha cobra sentido en el caso del hoy presidente sirio, al ser recibido en Washington, a pesar de ser militante de la guerra santa islámica o Yihad, y como líder de la rama de Al Qaeda en Siria, el grupo denominado Hayat Tahrir al-Sham,
El presidente Donald Trump recibió a su invitado en la Casa Blanca a la sorda, por una entrada lateral, sin el protocolo que corresponde a jefes de estado y gobiernos extranjeros y sin la presencia de la prensa, por lo que la visita fue dada a conocer a toro pasado, al ser publicada en la cuenta de X del anfitrión. Lo anterior no resta importancia al encuentro ni minimiza la alianza que existe entre ambos personajes y los gobiernos a los que representan, como lo demuestra el hecho de que la reunión haya tenido lugar en la Sala Oval, sede del despacho presidencial, en la que estuvo presente la plana mayor de ambos gobiernos en materia de relaciones internacionales (1).
El enviado especial de los Estados Unidos en Siria Tom Barrack, anunció que su país se propone reabrir su embajada en Siria y establecer una base militar cerca de Damasco, “para coordinar la ayuda humanitaria” y “observar el desarrollo de la relación diplomática entre Siria e Israel”, lo que vincula la visita al proyecto general de los EEUU para controlar el Medio Oriente. Lo extraño es que dados sus antecedentes y su perfil, el yihadista y hoy presidente sirio se haya comprometido a unirse a la coalición internacional “antiterrorista” liderada por Estados Unidos (2).
La reunión de ambos personajes junto con el exterminio del pueblo palestino que sigue implacable por parte de Israel en la Franja de Gaza, marcan un hito en la lucha por el control de la región de Oriente Medio. No cabe duda de que el gobierno de Donald Trump pacta con terroristas; la incógnita está en determinar si en el caso la complicidad fue planeada de origen, como indica el hecho de que en 2006, los servicios de inteligencia de los Estados Unidos en Irak detuvieron y liberaron a Ahmed al Sharaa, generando la sospecha de que desde aquel entonces el terrorista opera a favor de los EEUU.
Llevada esa falta de escrúpulos de los EEUU a su relación con nuestro país, el encuentro enciende luces de alerta en México, porque revela que los Estados Unidos no cejarán en su empeño por mantener y acrecentar su participación en el mercado mundial de las drogas, en complicidad con los cárteles internacionales que operan en nuestro territorio, incluido el suministro de armas con las que los criminales enfrentan al Estado Mexicano y extorsionan, secuestran y asesinan a personas inocentes.

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