Los halagos a Omar García Harfuch por parte del Director de la DEA, en la Cuadragésima Conferencia Internacional para el Control de Drogas celebrada en Buenos Aires la semana pasada, forman parte del discurso mendaz que sostiene el Gobierno de los Estados Unidos, en contra de nuestro país.
Desde hace años la Casa Blanca acusa a los inmigrantes mexicanos de ser narcos y violadores, y al Gobierno de México de estar sometido a los cárteles, y de pronto el más alto funcionario “antidrogas” de los EEUU nos sorprende con cursis elogios al Secretario de Seguridad Pública Omar García Harfuch, por su desempeño contra el narcotráfico (1). El caso podría pasar como ocurrencia en la era de Donald Trump, pero pone los pelos de punta, al recordar que Genaro García Luna fue condecorado en su día en los EEUU como “uno de los mejores policías del mundo” y hoy está en una cárcel de Nueva York condenado por narcotráfico.
Por lo visto las autoridades estadounidenses han utilizado como peones tanto a las bandas criminales como a las corporaciones policiacas de otros países, incluido México, de tal suerte que no está claro si los crímenes de García Luna fueron cometidos por decisión unilateral del convicto, o por órdenes de la DEA como parte de un plan. Al parecer Washington pretende mantener bajo control el mercado de armas y drogas por motivos económicos y para efectos de gobernanza social e injerencia política, dentro y fuera de los EEUU.
García Luna se fue a vivir a los EEUU en 2012, llevando una riqueza obscena que ostentó sin recato, y fue protegido por las autoridades de aquel país hasta el punto de que lo autorizaron a operar empresas de seguridad privada. Lo anterior solo se explica en un marco de complicidad por servicios prestados en una estrategia bajo el mando de la DEA y la ruptura vino siete años más tarde, sea por un desacuerdo en el reparto del botín, que hoy disputan en diversas Cortes México, Estados Unidos y la familia de García Luna, o porque así resultó de la turbulencia política que hasta el día de hoy sacude a los EEUU.
La diferencia está en que los Gobiernos de la 4T desde el sexenio pasado, impulsaron una Reforma Constitucional que generó instituciones que permiten la colaboración del Ejército y la Marina en tareas de seguridad. Se invierten recursos en una Guardia Nacional que antes no existía y hoy cuenta con 175 mil elementos, se construyeron más de trescientos cuarteles para cubrir el territorio, y para dotar a la estrategia de un mando civil, se restituyó la Secretaría de Seguridad Pública extinguida por Peña Nieto, con lo que el Gobierno de México deja atrás las malas políticas del pasado en materia de seguridad.
Lo cierto es que el actual Gobierno está comprometido con el combate a las drogas, en interés del Pueblo Mexicano y de la humanidad en su conjunto, en colaboración soberana más no sumisa, con los EEUU. Ante esto, el Gobierno de los EEUU ensaya una política burda de lisonjas para fracturar y dividir al equipo de la Presidenta Claudia Sheinbaum, lo que confiamos no sucederá en el caso de Omar García Harfuch, en virtud de que es un patriota que dio prueba de lealtad a precio de sangre, en el atentado brutal que el narco perpetró en su contra en 2020, del cual resultó sobreviviente y hoy permanece en la primera línea de combate (2).

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