Vargas Llosa y la moda.

Luis F. Salazar Woolfolk

28 de septiembre de 2021

La visita de Mario Vargas Llosa  a nuestro país la semana pasada, en la que   presentó la  serie de televisión autobiográfica “Una Vida en  Palabras”,  y asistió al  foro “Los desafíos de la libertad de expresión, hoy”, convocado por  la Universidad de Guadalajara, hace oportuno  comentar un  ensayo reciente  de dicho escritor, que se titula “El llamado de la tribu”,  sobre su postura ante el individualismo y el colectivismo,  como ideologías políticas.  


El  Premio Nobel de Literatura (2010),  relata su conversión del comunismo que profesó desde el   bachillerato cursado en el  Perú,  y que después  nutrió en la Universidad de la Sorbona como alumno de Jean Paul Sartre.  Conforme fue declinando la moda comunista y el Sistema Soviético,  Vargas Llosa salió de la bruma hegeliana y del profetismo mesiánico de la utopía marxista, que según  el propio escritor correspondieron  a un plan premeditado  para justificar el “constructivismo” es decir, la planificación estatal de la vida social, en un empeño por   fundar una sociedad perfecta y para instalar  el paraíso en  la tierra.

Vargas Llosa  refiere a diversos  pensadores en los que   sustenta su conversión al liberalismo,  entre los que destacan Adam Smith (1723-1790) y José Ortega y Gasset (1883-1955).    En su libro “La Riqueza de las Naciones”, Adam Smith exalta el individualismo extremo;   sostiene que la humanidad llegó a la civilización a través de la división del trabajo y a la acumulación del capital, en virtud del  desarrollo del libre comercio es decir, el intercambio de bienes y productos sin control alguno del estado, cuya intervención por mínima que fuere, la considera  inaceptable.  Ortega y Gasset cuya obra más conocida es “La Rebelión de las Masas”,  sostiene  que la naturaleza humana tiene una doble vertiente individual y colectiva,  que son indivisibles; en la primera están los derechos del hombre como individuo y como ciudadano, en tanto que la vertiente comunitaria, tiende a la búsqueda del  bien común de la sociedad.

Ortega y Gasset participó en  la República Española (1931-1939)  y en vista a  la lucha entre los extremos  que causaron el fin de aquella, siempre objetó  la división del pensamiento político en  “derechas” e “izquierdas”,  como representativas de la lucha entre  los intereses del   individuo y de la sociedad, considerando  ambas  posturas   como dos formas distintas de hemiplejia intelectual. Vargas Llosa se refiere a Ortega y Gasset  como el pensador  más valioso de su tiempo,  no solo de España sino de toda Europa sin embargo,  no llega a abrazar la síntesis  integradora del pensamiento orteguiano, situado en el  justo medio entre individualismo  y socialismo en virtud del cual, Ortega  pugna por mantener en  equilibrio ambos vectores,   en vez  de alentar la contradicción dialéctica entre individuo y sociedad.  

Vargas Llosa se convierte al liberalismo más individualista y su falta de adhesión al pensamiento orteguiano hasta su última conclusión, hace que el peruano quede como un producto  de moda intelectual como lo fue  tanto en la cúspide del comunismo,  como en el ascenso del neo liberalismo brutal que sobrevino a la caída del sistema soviético. Con independencia de sus méritos como escritor, en su calidad de activista del capitalismo en su versión neoliberal, en  la trayectoria política de Mario Vargas Llosa,  no hay nada más que  su habilidad para moverse al vaivén de los vientos imperantes.  

 En cuanto a la postura de Vargas Llosa frente al populismo y toda tendencia nacionalista que fortalezca la vida colectiva, considera que  responden a lo que el escribidor denomina “El llamado de la tribu”, y ve con malos ojos que  el fenómeno tenga su origen   en  la pertenencia del colectivo a un grupo humano en particular, así como en el  apego  a la tierra,  la historia  y las  costumbres primarias ancestrales. Esta  crítica de   Vargas Llosa  es infundada, porque tales factores básicos son naturales y si bien la razón y la voluntad deben ser el timón decisivo de la vida personal y colectiva de todo individuo y sociedad, la inteligencia emocional indica que los elementos que configuran el  llamado  de la tribu, también son parte esencial y determinante, de la vertiente  colectiva de la naturaleza  humana.    

 

 

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1 Comentario

  1. Luis Montfort

    Tal vez sean la habilidad del timonel y el buen manejo del velamen y del timón, lo que le impide quedar a merced del vaivén de los vientos imperantes.

    El artículo: Una excelente clase de sociología política.

    Saludos

    Responder

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