El abatimiento de Nemesio Oseguera alias El Mencho, por parte de un operativo de seguridad del Gobierno de México, abre la interrogante sobre la estrategia para enfrentar la violencia en el porvenir.
De acuerdo a la memoria histórica y la crónica de los últimos días, el llamado Cartel Jalisco Nueva Generación es una organización criminal dedicada al tráfico de drogas, que opera en cuarenta países del mundo. Se trata de una entidad de comercio global cuyos alcances solo pueden entenderse en función del apoyo político, militar y logístico de una gran potencia, pues resulta inimaginable que un delincuente que ha pasado la vida a salto de mata entre la Sierra de Jalisco y oculto en casas de seguridad, pueda ser la cabeza de semejante empresa.
También es difícil creer que el Cártel referido sea dueño de la riqueza que genera la producción y venta de drogas, porque vive de la extorsión en contra de ciudadanos comunes, del robo y el contrabando de combustible y hasta de algunos recursos precarios que esquilma a los municipios que controla. La condición parasitaria y voraz de ésta y el resto de las bandas criminales que operan en México, aunado al escándalo que implica el flujo de armas de alto poder que desde los Estados Unidos las apertrechan, hace pensar que la cabeza del sucio negocio se encuentra fuera de nuestro país, acapara las ganancias y deja las migajas a sus cómplices locales, que amplían su acción a toda clase de actividades ilícitas.
La caída del Mencho no basta, porque en otras experiencias en las que se sacó de circulación a quién haya sido “jefe de jefes” en cada caso, como pasó con el Chapo Guzmán o el Mayo Zambada, no se evitó que el crimen y la violencia continuaran e incluso fueran en aumento. Por otra parte los EEUU enfrentan al narcotráfico con una actitud diferente a partir de 2011, en que el fentanilo procedente de China se infiltró en la ruta de la droga hacia los EEUU, reorientando el destino de las ganancias substanciales, lo que podría implicar que la guerra contra el narco, se reduzca a decidir quién va a controlar el negocio.
Lo anterior mueve a desconfiar porque el combate de los EEUU contra los Cárteles es indulgente con las operaciones al interior de sus fronteras y no existe una gran política pública para prevenir y erradicar el consumo de drogas y sanar sus efectos. Por el contrario, el Gobierno de Donald Trump ha cancelado los fondos de los programas de rehabilitación para los adictos, lo que revela la poca importancia que le merece la salud mental y física de su propia gente, y prefiere volcar toda la fuerza de sus agencias de seguridad ICE, FBI, DEA, etcétera, en contra de migrantes indefensos.
El mayor flagelo para nuestros pueblos no es la pobreza en México ni la migración en los EEUU, sino el narcotráfico, por ser éste fuente de corrupción, violencia y muerte, así como causa de menoscabo institucional y degradación humana. La única forma de enfrentar el reto, consiste en desmontar el aparato contracultural que sostiene y difunde el consumo “recreativo” de drogas desde los EEUU y para ello, es indispensable el compromiso y la participación de la sociedad civil de los dos países, en esta lucha en la que el respeto a la soberanía y la identidad de ambas naciones es fundamental.
Te ofrezco mas información sobre este tema, en mis artículos Guerra Mundial en México, Tráfico de Muerte y Qué Poca Madre, en este mismo Blog Archivo Adjunto.

0 comentarios