El informe que el Departamento de Estado de los EEUU envió al Congreso de ese país la semana pasada, desmiente con datos duros al discurso de Donald Trump en cuanto a los resultados del Gobierno de México, en el combate al narcotráfico.
El informe reconoce que el Gobierno de la Presidenta Sheinbaum despliega una política “proactiva” en contra de los cárteles y destaca la destrucción de más de dos mil laboratorios clandestinos; la mayor incautación de fentanilo en la historia; la extradición de 92 reos hacia los EEUU; la caída de Nemesio el Mencho Oceguera, etcétera (1). Para desvanecer los datos duros que el informe contiene, el Gobierno de Trump reanuda su campaña de filtraciones y noticias falsas, con el doble objeto de justificar una fingida insatisfacción y mantener la amenaza de una intervención armada en suelo mexicano.
En contra de la verdad reconocida en el informe, opera un entramado de mentiras y medias verdades según las cuales el gobierno de la 4T está sometido al crimen organizado. Para impulsar esta versión se filtra al New York Times el chisme de que doce personas no identificadas, desde adentro de las filas de Morena estarían colaborando con las agencias de los EEUU, soltando la sopa, sin que tampoco se de a conocer en qué consiste tal sopa, y el comentario hace estallar una campaña febril en prensa y redes digitales que mantiene bajo asedio a la Sociedad Mexicana, con la complicidad de “comunicadores” nacionales que otrora gozaron de prestigio.
Trump está atrapado en su propio discurso, porque al asegurar que el ingreso de fentanilo a los EEUU por su frontera sur ha disminuido en un 56%, resulta absurdo que no reconozca mérito a la participación del Gobierno de México. Lo cierto es que los EEUU impusieron la producción y tráfico de drogas que opera como un gran negocio lucrativo y como herramienta de control social, a partir de lo cual el narco se infiltró en forma creciente tanto en la DEA y otras agencias de seguridad de los propios EEUU, como en nuestro tejido social e instituciones de gobierno en México, hasta que dicho esquema colapsó en el sexenio de Felipe Calderón.
El Gobierno de Peña Nieto empeoró las cosas porque extinguió la Secretaría de Seguridad Pública y desmanteló la Policía Federal Preventiva, bajo la promesa incumplida de crear una “Gendarmería”, lo que dejó indefensos a la Sociedad y al Estado Mexicano. López Obrador inició a partir de cero una estrategia para dar un marco legal a la participación ancestral del Ejército en tareas de seguridad, y crear la Guardia Nacional, mediante una reforma constitucional que construyó a pesar de la oposición rabiosa de la vieja partidocracia.
Sin el andamiaje institucional y material antes referido, los resultados actuales habrían sido imposibles sin embargo, Trump insiste en una narrativa para sostener acusaciones contra funcionarios morenistas con razón o si ella, desestabilizar al Régimen de la 4T y remplazarlo por un gobierno títere en complicidad con opositores que se dicen mexicanos. Esa estrategia tiene precedente en las aventuras emprendidas por el magnate para apoderarse del petróleo ajeno, tanto en Venezuela en dónde el plan de “descabezar al régimen” le está funcionando y en Irán, en dónde está empantanado.
El objetivo trumpista es mantener el control del mercado de las drogas en el contexto de su guerra contra China y contra el mundo, lo que al constituir el principal generador de violencia en nuestro país atañe al Estado Mexicano en ejercicio pleno de su Soberanía, por tratarse de un tema de interés público prioritario, en materia de salud y seguridad (2).
(2) Para más información sobre el tema, te ofrezco mis artículos Guerra Mundial en México e Indulto Revelador, en este mismo Blog Archivo Adjunto.

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