La encíclica sobre la Inteligencia Artificial IA del Papa León XIV publicada la semana pasada, enfrenta a los empresarios globalistas internacionales dueños de la tecnología digital, convoca a la gestión del fenómeno desde la sociedad, y propone su regulación en aras del Bien Común.
La Encíclica Magnifica Humanitas inicia con un repaso a la Doctrina Social Cristiana a partir de la encíclica Rerum Novarum (1891), que atiende a “las cosas nuevas” de aquel tiempo en materia de ética social y relaciones laborales, hasta la Evangelii Gaudium (2013) del Papa Francisco, que dice “no al dinero que gobierna en lugar de servir”. El actual Pontífice dirige la Encíclica a la “Custodia de la Persona Humana en tiempos de la IA”, como una forma de acompañamiento para enfrentar los retos que plantea el desarrollo y uso de dicha tecnología.
El Papa nos llama con urgencia porque se trata de enfrentar un desafío del presente y no un espectro futurista, en virtud de que hoy día la IA es un factor real de poder en manos de “actores privados transnacionales”, que ponen su interés económico por encima del Bien Común. Al ser desarrollada y utilizada de mal modo, la IA levanta una Torre de Babel (Génesis 11:1-9) sobre una base cultural supremacista impuesta por unos cuantos con criterios de exclusión contrarios a la dignidad fundamental de la persona y para evitarlo, propone gestionar la IA con la participación de la sociedad, por tratarse de una cuestión de interés público.
A despecho del argumento según el cual la tecnología es “neutral” y no es ni buena ni mala, el Papa somete la IA a un examen ético y sostiene que la bondad o malicia de sus efectos depende del corazón y la mente de quién la opere. León XIV se preocupa por la IA en cuanto a que suele ser fuente de narrativas falsas que infunden odio y vulneran el derecho a la verdad como bien público; el mal uso de la IA en el espacio educativo socaba el pensamiento crítico, y en el plano laboral amenaza al empleo e introduce nuevas formas de explotación equiparables a la esclavitud.
Para evitar estos males, el sucesor de Pedro convoca a todos los hombres y mujeres de buena voluntad a “desarmar” a la IA, entendiéndose como tal su regulación desde la familia, pasando por los Gobiernos Nacionales y los Organismos de Gobernanza Mundial, en un concurso multilateral de todos los pueblos, que evite el dominio hegemónico de cualquier potencia. El Papa sabe que toda regulación implica riesgos, pero nunca tan graves como dejar que el poder de la IA actúe sin contrapesos, y por ello insiste en que la búsqueda de la regulación parta del debate social y político, que haga pasar el tema por el tamiz del raciocinio crítico.
El reto esencial es antropológico en cuanto al mandato de preservar lo “humano” de nuestra naturaleza, por lo que el Papa previene sobre los riesgos de un sistema que amenaza conducirnos a un engendro híbrido entre el hombre y la máquina. La Encíclica ha despertado un gran interés y con seguridad será objeto de lectura razonada y crítica, por muchos hombres y mujeres de buena voluntad, en los que la semilla sembrada germinará bajo tierra sin que nadie sepa cómo (Marcos 4:26-41), lo que sin duda rendirá frutos de discernimiento, toma de decisiones y acción directa, en el aquí y ahora del orden temporal (1).
(1) Magnifica Humanitas. Encíclica del Papa León XIV, sobre la Inteligencia Artificial IA.

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