Tiene razón Marx Arriaga cuando alega que al ser separado del puesto, se le debió de haber entregado un oficio expresando las causas de su despido, y también tiene razón cuando pide la refundación de la Secretaría de Educación Pública SEP, de acuerdo a los principios que le dieron origen.
El cumplimiento en las formas del despido es importante tanto por respeto a los derechos laborales del sujeto, como por atención a la sociedad mexicana, que debe conocer los motivos que llevaron a la separación del funcionario encargado de los libros de texto. En cuanto al origen de la SEP, reside en la obra de José Vasconcelos (1882-1959), secretario fundador de la dependencia que al término de la Revolución en 1921, creó la Escuela Normal para formar al Magisterio Nacional y la Escuela Rural con la que llevó una cruzada de alfabetización hasta el último rincón de la Patria, a partir de la lectura de los clásicos de la Literatura Universal (1).
Su legado incluye una vasta obra de filosofía e historia, aunada a una pedagogía predicada con el ejemplo de una vida de lucha cívica por la democracia, desde su apoyo a la causa de Franciso I. Madero, que Vasconcelos sintetizó en un lema de su autoría: Sufragio Efectivo no Reelección. La lucha por la democracia lo llevó a postularse como candidato a la Presidencia de la República (1928-1929) y concluyó en su rechazo al apoyo de algunos militares afines, que ante el fraude electoral le propusieron que encabezara un alzamiento armado en contra del Maximato Callista, a lo cual Vasconcelos se rehusó congruente con su aversión a los cuartelazos y guerras civiles.
El paso de Vasconcelos por la SEP se caracterizó por difundir la cultura a ras del pueblo, y promover los valores de la Mexicanidad, cimentada en nuestro mestizaje indígena y español que se resume en su elegía a la Raza Cósmica, para enfrentar un futuro que desde entonces apuntaba al predominio anglosajón por la fuerza de las armas. Vasconcelos fue el gran promotor del Muralismo Mexicano; es reconocido como Maestro de la Juventud de América, y Daniel Cossio Villegas dijo de él que “…personificaba las aspiraciones educativas de la Revolución y reunía condiciones excepcionales para inaugurar esa era de renacimiento espiritual de México».
La Nueva Escuela Mexicana que en el marco de la Constitución tiene por objeto la Educación Pública de calidad, laica y plural está en riesgo, entre el delirio y el sainete provocado por la actitud obtusa de Marx Arriaga, Director de Materiales Educativos, anclado en una ideología generadora de un sistema político que al término de la Guerra Fría colapsó a nivel mundial. En efecto, los países de la extinta Unión Soviética abandonaron el marxismo (1989-1990) y hoy marchan a distintos ritmos por vía democrática; la China actual dejó la lucha de clases y la propiedad del Estado sobre los medios de producción, aunque aún mantiene su talante autoritario.
Los pueblos que se diluyeron en la Revolución Mundial Comunista recuperaron su soberanía y fortalecen su identidad nacional. A despecho de aquella utopía, tienen economías mixtas y de libre mercado, procuran el bien común de su gente, aspiran a un orden multipolar y rechazan al gobierno mundial único y hegemónico que bajo la dictadura del proletariado propuso el marxismo y que hoy día proponen los globalistas internacionales bajo la dictadura del dinero.
Es otro mundo con sus propios retos, en el que la refundación de la SEP conforme a su origen resulta pertinente, en la visión mexicanista y universal de Vasconcelos.

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