El discurso de León XIV frente a los Diputados y Senadores Españoles la semana pasada, reivindica el papel del Estado como instrumento gestor del Bien Común, en un momento en que la Soberanía de las Naciones es amenazada por el capital internacional y por la guerra.
El discurso es poco común en la Agenda Pastoral, porque en el pasado la sociedad solía estar amenazada por la fuerza creciente de los estados, lo que en el Siglo XX generó sistemas totalitarios que condujeron a guerras devastadoras. Hoy día el gran peligro para la humanidad lo representan los Gobiernos de Estados Unidos e Israel que aliados al lobby de oligarcas globales, tratan de imponer un gobierno mundial único y hegemónico, pasando por encima tanto de la Soberanía de los Estados Nacionales, como del Bien Común de sociedades autónomas, organizadas conforme al Principio de Subsidiariedad, en base a sistemas jurídicos propios.
La relación entre Hombre, Sociedad y Estado ha sido un desafío en la historia, y la Iglesia de Cristo ha lidiado con ese reto desde sus primeros días. La Comunidad Cristiana de Roma fue perseguida y martirizada en el Coliseo, hasta que en el año 313 el Emperador Constantino decretó la libertad religiosa, lo que operó como un gran paso en el largo camino para separar el poder político del poder religioso, en virtud de que con ese acto el César se despojó de la condición divina que se le atribuía en el mudo antiguo, y reconoció el derecho del hombre y de la mujer más humildes a rezar el Padre Nuestro, como auténticos hijos de Dios.
La postura de la Iglesia frente a la relación entre Estado y Sociedad no es pendular ni ambigua sino de equilibrio, y en ese contexto deben ser interpretadas las palabras de Jean Meyer, el gran historiador de La Cristiada, cuando dice: “el Estado Moderno se volvió en contra de la Iglesia que es su matriz…”. Esta visión hoy está superada, una vez disminuida a su mínima expresión, la tentación de la Iglesia por el poder temporal, en el proceso de dar a Dios y al César lo que a cada uno de ellos corresponde.
León XIV se dirige a los Diputados y Senadores al Congreso del Reino de España; reprocha el armamentismo y la guerra; invita a poner la razón y la justicia al servicio de la persona humana, y recuerda a los Legisladores que su función tiene por objeto alinear el Derecho del Estado con el Derecho Natural es decir, conforme al ser humano individual y colectivo. El Papa llama a luchar por los Derechos Humanos a partir del respeto a la vida humana desde la concepción y por la libertad en todas sus formas, así como por la atención primordial a los pobres, el apoyo a los migrantes, etcétera.
El Papa refiere a la Universidad de Salamanca y evoca la obra monumental del Dominico Francisco de Vitoria (1483-1546), padre del Derecho Internacional, cuyas normas, instituciones y organismos, son tan despreciados hoy en día. El Pontífice no se limita a dictar una cátedra magistral, sino que convoca a levantar la bandera caída del Orden Jurídico Internacional, cuya misión es responsabilidad no solo de los Legisladores Españoles, sino de todos los pueblos de Europa e Hispanoamérica y de la humanidad en su conjunto (1).

0 comentarios