El reciente viaje de Donald Trump a China, no pareció ser una cumbre entre dos potencias, sino una reunión de negocios entre empresarios globalistas internacionales y el Presidente de China, visualizada ésta como nuevo poder dominante en el mundo.
Donald Trump llegó acompañado de empresarios de clase mundial entre los que destacan los dueños de la tecnología de última generación, que desde medios de comunicación y redes digitales actúan por encima de los estados nacionales y del bien común de las sociedades, con la mira puesta en constituir un Gobierno Mundial hegemónico, validos del apoyo militar que reciben de los Gobiernos de los Estado Unidos e Israel. Brillaron por su ausencia líderes del Congreso de los EEUU y asesores diplomáticos y políticos que en condiciones normales, suelen ser notables en este tipo de encuentros.
El Presidente de los EEUU fue recibido en el aeropuerto de Pekín por un funcionario de segundo nivel, con un desplante coreográfico que más que darle una bienvenida al visitante, fue una exhibición del poderío Chino frente a occidente. Trump fue conducido a la presencia del presidente Xi Jinping y ambos personajes, el oligarca y el político, trataron temas que en los últimos tiempos los tienen enfrentados, sin que al final de la reunión se haya publicado un acuerdo formal, ni siquiera una declaración conjunta que podamos analizar.
Pese al papel secundario desempeñado por el visitante, a río revuelto Trump obtiene alguna ganancia, porque el encuentro disimula que su guerra en contra del mundo topó con pared. Como consecuencia es de esperar que Israel mantenga su ocupación militar en los territorios en Palestina, en el sur de Líbano y en Siria en los Altos del Golán; seguirán jaloneos teatrales entre EEUU e Irán en el Estrecho de Ormuz sin embargo, lo previsible es que China y los EEUU definan en lo sucesivo las cuotas de mercado y el destino del petróleo del Golfo Pérsico.
Otro logro en favor de Trump es que se consolida el reparto del mundo; los EEUU mantienen el control del Continente Americano, a cambio de abstenerse de alentar los afanes independentistas de Taiwán, en tanto que las rutas marítimas serán operadas a contentillo de ambos Imperios. De los aranceles no se ha dicho nada, lo que es una señal adversa a la causa de Trump, y la forma de resolver el tráfico de fentanilo procedente de China hacia los EEUU a través de México sigue siendo una incógnita que es importante despejar, porque nos concierne tanto por lo que hace a nuestra Seguridad Nacional, como a la relación bilateral con los EEUU (1).
Aunque una frágil paz es menos mala que una guerra mundial el resultado es lamentable, porque no abona a un sistema internacional de gobernanza multilateral fincado en instituciones de Derecho Internacional, e instala un conflicto por tiempo indefinido, semejante a la Guerra Fría. Esta paz precaria ha sido posible por la presión internacional, de manera especial del Papa León XIV, cuyo liderazgo espiritual ha sido clave para suscitar una reacción tendiente a frenar el belicismo de Trump y la dominación económica y cultural que ejercen las corporaciones globales sobre los pueblos de la tierra.
Como ejemplos de esta resistencia creciente que busca la multilateralidad deseada, en base al respeto a la Soberanía de los Estados Nacionales, están los gobiernos de Europa, que comienzan a despertar de su letargo, y diversas naciones del Continente Americano, entre las que destacan México y Canadá, y hasta una parte substancial de la propia sociedad estadounidense.
(1) Te ofrezco mis artículos Guerra Mundial en México e Indulto revelador, que contienen antecedentes del tema, que pongo a tu disposición en este mismo Blog Archivo Adjunto.

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