La selección de candidatos de Morena a las gubernaturas y demás cargos de elección popular que estarán en juego en los comicios de 2027, revela las mayores fortalezas y debilidades de dicho partido, como dos caras de una misma moneda.
Las reacciones adversas a los resultados de la selección de candidatos morenistas no solo vienen de la oposición y de los medios chayoteros, sino que algunas surgen de las mismas filas de Morena y en general apuntan a cuestionar las encuestas que siendo imperfectas, son un medio de consulta sujeto al escrutinio del público. Las críticas del PRI y del PAN son hipócritas, porque en ambos partidos siguen las mismas cúpulas excluyentes y corruptas que los llevaron al colapso en 2018, sin que hayan movido un dedo para sanear sus estructuras, ni trasparentar sus métodos de selección de candidatos.
Un día si y otro también vemos y escuchamos despotricar en contra de los aspirantes a candidatos morenistas, porque en su debilidad los partidos de oposición apuestan a una crisis dentro de Morena que les restituya el poder y los privilegios perdidos. Por su parte Morena designa “coordinadores de la transformación” como posibles mas no seguros candidatos, dando tiempo a que salgan a relucir trapitos al sol, poner a prueba la unidad del movimiento en cada región, y valorar la reacción de los ciudadanos como verdaderos electores finales, a fin de ratificar o corregir designaciones y restañar heridas.
Lo que ocurre da pie a que la estrategia morenista parezca improvisada, pero lo cierto es que resulta idónea en circunstancias inéditas en las cuales Morena llegó al poder por medio del voto, como un frente amplio de fuerzas políticas, y dicha diversidad explica que surjan diferencias dentro del propio seno morenista. La unidad de la 4T se sustenta en objetivos muy concretos, que consisten en poner en primer término la atención a los pobres como presupuesto del Bien Común de la Sociedad, y en el fortalecimiento y defensa de la Soberanía como base de la relación entre Estado y Sociedad, en un escenario internacional adverso.
A esa luz, la inestabilidad que buscan provocar dentro de Morena sus adversarios de poco sirve a sus intereses, porque suponiendo que causen desencanto en cualquier número de simpatizantes morenistas, éstos difícilmente votarán por el PRI o el PAN por el propio desprestigio que arrastran esos partidos, su falta de propuesta y su escasez de perfiles presentables. En el peor de los casos son previsibles descalabros marginales de Morena en regiones específicas, lo que ofrece una oportunidad para que el partido en el poder depure sus cuadros y en tal hipótesis, la pérdida opera como válvula de escape y por tanto de seguridad.
En efecto, tanto la base como la cúpula de Morena tienen muy claro que llegaron al poder en un marco democrático que se debe mantener y fortalecer, y tal cosa solo es posible sometiéndose en forma periódica al juicio del voto ciudadano a riesgo de perder las posiciones que fueren, pero también como oportunidad para corregir el rumbo según lo demanden la unidad del movimiento morenista y sobre todo, la voluntad de los ciudadanos.
Otra visión de Morena que constituye un cambio de paradigma político, es su tendencia a mantener la diversidad que le dio origen como frente amplio, con cuya pluralidad Morena busca asemejarse a la sociedad mexicana, contrario a los viejos paradigmas, empeñados en hacer que la sociedad se parezca al partido en el poder.

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