El anuncio hecho el jueves pasado por la Unión Europea, que abre las puertas a Canadá como Miembro Asociado, es un paso alentador que fortalece las relaciones internacionales multilaterales, y plantea un desafío a los afanes de dominio mundial que hoy día despliegan los Estados Unidos e Israel.
Lo acontecido tiene como antecedente el discurso del 21 de enero pasado, pronunciado por Mark Carney en la Cumbre de Davos 2026, en el que el Presidente de Canadá aludió al colapso del orden económico mundial generado al término de la Guerra Fría. En su mensaje de aquel día, Carney convocó a los países que como el suyo no son superpotencias, a cerrar filas entre sí y en torno a sus propios intereses, con el propósito de reconstruir el sistema de Libre Comercio a nivel mundial, pero con respeto a la Soberanía de los Estados Nacionales (1).
Un acercamiento semejante se produjo entre nuestro país y la Unión Europea, como resultado del Acuerdo Global Modernizado que firmaron en la ciudad de México el 22 de mayo de 2026, la Presidenta Claudia Sheinbaum y la Doctora Ursula Von der Leyen. En esa ocasión, la mandataria mexicana y la representante de la Unión Europea refrendaron los lazos comerciales y políticos que unen a las entidades que ambas representan en materia de Comercio Mundial, desde el año 2000, en pleno ascenso del proceso de apertura y globalización de la economía del planeta (2).
Ambos eventos se dan en el marco de la revisión del Tratado de Libre Comercio que está en curso, entre México, Estados Unidos y Canadá, en la que los EEUU mantienen una postura agresiva y prepotente en contra de los países que son sus vecinos geográficos y principales socios comerciales, lo que ha hecho que México y Canada volteen hacia otros lados del orbe en busca de enlaces comerciales alternativos. Esa búsqueda es natural, porque el colapso del viejo sistema ha provocado un cambio en nuestro aquí y ahora, que genera relaciones multilaterales como base de un nuevo orden no solo económico, sino también de gobernanza política internacional.
Donald Trump lo sabe, pero en vez de procurar un aterrizaje suave para su propio país y el resto del mundo en esta nueva realidad, ha optado por el camino escabroso de una guerra no solo comercial sino a sangre y fuego, que tiene en vilo a la humanidad. Aferrado a la doctrina racista del Destino Manifiesto, el trumpismo atrinchera a los EEUU en una política de dominación, en medio de la cual México debate la integración recíproca que por geografía e historia nos toca vivir, entre la defensa de nuestra Soberanía Nacional y la sumisión abyecta exigida por el Imperio.
Volviendo a la reunión del jueves pasado en el Parlamento Europeo, Carney renueva su discurso respondiendo a la andanada de ultrajes de los que ha sido objeto su país por parte del Gobierno de Washington, asegurando que los canadienses no admiten que ninguna potencia les diga que idioma hablar o con qué países comerciar. Por supuesto que lo acontecido no fue del agrado de Trump, que de inmediato calificó de “hostil” el acercamiento entre Canadá y la Unión Europea, amenazando con imponer aranceles adicionales y hasta suspender todo comercio con Europa (3).
La confrontación con los EEUU no es un escenario deseable ni para México ni para Canadá ni para Europa, pero no queda otro camino que participar en la construcción del orden mundial emergente, y buscar alternativas políticas, diplomáticas y comerciales, que permitan mitigar las consecuencias de la turbulencia que provoca el energúmeno (4).
(4) Si deseas más información sobre este tema, te comparto mis artículos El Mundo que Viene y México y Unión Europea, en este mismo Blog Archivo Adjunto.

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