La guerra desatada por Estados Unidos en contra del mundo, ha llegado a un punto crítico que opera en contra de los propios EEUU, cuyo gobierno aspira a restaurar el poder hegemónico perdido, en vez de colaborar en consenso con la comunidad internacional, en la construcción del poder multilateral que resulta idóneo para el actual escenario global.
El aumento de los precios del petróleo provocado por la guerra de los EEUU en contra de Irán y el bloqueo del Estrecho de Ormuz, han impulsado una inflación generalizada que en distintos grados afecta a todos los países del planeta y en gran medida a la economía estadounidense. Ante el problema, el presidente Donald Trump aplica hoy día una política de emergencia que contradice las alianzas concertadas por los Estados Unidos durante décadas, en un intento desesperado por controlar la inflación, frente a las elecciones que renovarán el Congreso de los EEUU dentro de tres semanas.
En tal escenario Trump anunció el viernes pasado la compra a Rusia de 4 mil millones de toneladas de Diesel, que el empresario metido a político anuncia que serán surtidas a los EEUU “en un corto período”, lo que indica que el magnate no tiene el control de la situación por la razón de que dicho combustible deriva del petróleo, que como tal hay que extraerlo del subsuelo y después convertirlo en Diesel. Es cierto que Rusia es el primer productor de Diesel en el mundo, pero no tiene tal cantidad de existencias para ser surtidas de inmediato y en forma repentina, por lo costoso de su almacenamiento.
Un segundo desafío a los planes de Trump, deriva de que la compra de Diesel a Rusia hace trizas la alianza de los EEUU con la países de Europa, porque contradice el régimen de sanciones comerciales decretadas en contra de Moscú por parte de la OTAN y de los propios EEUU. En el colmo de la deslealtad y del cinismo, Trump declara que la era de Selenzky ha concluido y debe haber un relevo que lo substituya por un gobierno que “negocie el fin de esa guerra”, y llega al delirio de anunciar que Rusia y Ucrania han acordado una “tregua energética”, lo cual han desmentido ambos beligerantes (1).
La invasión a Venezuela de enero pasado, tampoco alivia la escasez de combustibles. A pesar de que el Imperio obtuvo en teoría 650 mil millones de barriles de petróleo durante los próximos 25 años, en la actualidad los EEUU solo reciben 350 mil barriles diarios de crudo venezolano, y el pronóstico más optimista hecho por la petrolera Chevron, única compañía gringa que invierte en Venezuela, indica que al final de los próximos 6 años se producirán solo 300 mil barriles adicionales diarios, cuyas cifras son ridículas frente a los 20.6 millones de barriles de petróleo que consumen cada día nuestros vecinos del norte.
Ahora Trump apunta su mira hacia nuestro país, y tras una andanada de amenazas a la Soberanía Nacional, exige que México abra sus recursos petroleros a la inversión estadounidense y por supuesto, en los términos del autócrata. Es difícil que Trump logre su objetivo y menos con la premura del caso, porque México en forma estratégica ha reducido su producción de petróleo para exportación y hoy día se concentra en producir y refinar para consumo propio, para romper el viejo círculo vicioso que consiste en vender petróleo crudo barato, a precios que no compensan los altos costos que implica importar los combustibles refinados que requiere nuestra economía (2).
(1) Milenio Diario. Trump declara que Ucrania necesita un nuevo Presidente.
(2) Si deseas mas información sobre este tema, te ofrezco mis artículos Aventuras criminales y Entreguista, frívolo e idiota, en este mismo Blog Archivo Adjunto.

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