La turbulenta Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas de la semana pasada y el viaje del Papa León XIV a Francia que concluyó el día de ayer, resaltan la importancia del Derecho internacional y de los Valores que postula la Iglesia, como vías de solución a la crisis actual que vive el género humano.
La opinión generalizada difundida por algunos factores reales de poder, según la cual el Estado y la Iglesia son irrelevantes, explica que asesinos desquiciados como Trump y Netanyahu se hayan apoderado, al menos por el momento, del destino de la humanidad. En su origen el Derecho Internacional moderno está ligado a la solución de las guerras en Europa, en torno a las figuras de los teólogos católicos Francisco de Vitoria 1483-1546 y Francisco de Suárez 1548-1617, así como del jurista protestante Hugo Grocio 1543-1645.
Sin embargo fue el genio diplomático de una mujer, la Reina Cristina de Suecia 1626-1689, quién llevó a la práctica política las ideas de estos pensadores, en los Tratados de Paz de Westfalia de 1648, cuyos acuerdos pusieron fin a las guerras continuas que por diputas territoriales y/o diferencias religiosas, desangraron durante siglos a Europa. Cistina de Suecia suele ser controvertida sin embargo, su grandeza y singularidad la llevaron a ser la única mujer en las historia, cuyos restos mortales están sepultados en la Cripta de la Basílica de San Pedro, junto a los del Pescador de Galilea (1).
La Paz de Westfalia es el origen jurídico de la Europa de las Patrias, y los tratados firmados al respecto establecieron que la Soberanía y la Integridad Territorial son el fundamento del Estado Nación, dejando atrás la idea feudal de que la tierra era patrimonio hereditario de los monarcas; en Westfalia se reconoció por primera vez la igualdad entre los Estados y el principio de no injerencia de un país en el territorio o en los asuntos de otro. Es importante saber que estos principios que en la actualidad defiende con denuedo el Gobierno de México, son los mismos que sostienen la Carta de las Naciones Unidas o sea, el documento constitutivo de la ONU de 1945.
Hoy día la oligarquía global nos vende la idea de que la Soberanía de los Estados Nacionales es cosa deleznable y hasta perniciosa, y propone un modelo de gobernanza internacional con tintes neo feudales, que sostiene que las minorías dueñas del dinero del mundo deben gobernar por encima de los Estados, sustentadas ya no en el feudo territorial, sino en la tecnología. Está a la vista que tal propósito se apoya en la ley del más fuerte y por tanto en la guerra como instrumento de dominación, despreciando la Moral y el Derecho que sostienen la Iglesia y el Orden Jurídico Internacional.
El camino para resolver la actual crisis mundial, va en una doble vía; por una parte la vía secular para construir un orden mundial multilateral, entre entidades colectivas asimétricas, diversas y plurales, basado en la Soberanía de las Naciones. Existe una segunda vía compatible pero independiente de la anterior, que desde la Iglesia y en el estilo de León XIV se funda en que toda verdadera transformación social y política se gesta desde el yo profundo de la Persona Humana, cuyo bienestar y respeto a sus derechos como Ciudadano, es la razón de ser y la finalidad de los Estados Nacionales.
Por ello es alentador que en su visita a Francia, el Papa haya renunciado a la cena de estado, los honores militares y a la condecoración ofrecidos por el Gobierno de Macron, y haya llegado como simple Mensajero de Paz que convoca a luchar por el Bien Común, el Derecho a la Vida y en contra del mal uso de la Inteligencia Artificial. Es grato ver como el Papa reúne a multitudes de cientos de miles de personas que son evangelizadas en territorio, como corresponde al Oficio Misionero de Robert Prevost (2).
(2) Libertad Digital, periódico en línea. León XIV vista Francia (2026).

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