El paso ufano de 17 familiares de Joaquín (el Chapo) Guzmán Loera a los Estados Unidos, por la garita de Tijuana a San Ysidro, es una prueba más del acuerdo histórico que existe entre las agencias de los Estados Unidos encargadas del tema del narcotráfico, y las bandas internacionales del crimen que operan en México.
La madre de Joaquín y Ovidio Guzmán López hijos del Chapo, y otros 16 miembros de esa familia, entraron la semana pasada a territorio de los EEUU sin que el gobierno de aquel país haya dado cuenta ni a sus propios ciudadanos ni al mundo, sobe el motivo y condiciones de tal ingreso. Lo anterior exige una explicación, porque Donald Trump basó su campaña presidencial entre otras cosas en la promesa de detener el flujo a los EEUU de migrantes mexicanos, a los que en forma generalizada señala hasta la fecha como criminales y narcotraficantes, e incluso los declara terroristas.
La mudanza hacia el sueño americano se explica porque la guerra intestina en el llamado Cartel de Sinaloa, desatada a raíz de la entrega y/o detención de Joaquín Guzmán López y el Mayo Zambada en julio de 2024, amenaza la vida de la familia del Chapo, y el gobierno de Trump la protege sin expresión de causa. Es evidente que el Gobierno de México tiene razón al cuestionar lo acontecido, en virtud de que contrario a lo ocurrido en el caso de Joaquín Junior, tanto el Chapo mayor como Ovidio fueron extraditados de México a los EEUU por canales diplomáticos, y el traslado de su familia en bloque revela que existe un pacto que atañe a la situación jurídica de éste último.
Tal explicación es obligada con mayor razón, porque al ser detenido Ovidio, en enero de 2023, mediante un operativo del Ejército y la Marina nacionales, murieron 10 militares mexicanos y 15 más resultaron heridos, como precio de sangre que pagaron México, los caídos y sus familias. Por consecuencia el ingreso de la familia del Chapo en los EEUU y el acuerdo de toma y daca que exista con los criminales al respecto, constituyen una gran hipocresía y nada podrá sostener en el futuro el falso discurso según el cual, el Gobierno de los EEUU no negocia con terroristas ni con criminales.
No faltan opositores que se frotan las manos, imaginando que el presumible pacto proporcione información valiosa que lleve a Trump a invadir a México y derrocar al Régimen de la 4T. Tales sueños pasan por alto que cualquier información que tenga Ovidio ya está en poder de los EEUU porque los cárteles mexicanos trabajan para el Imperio desde hace al menos ochenta años, y hoy día los EEUU resuelven la guerra entre Mayos y Chapos, apresando y manteniendo como rehenes a las cabezas de ambos bandos, para que quién sobreviva siga operando bajo control.
A esa luz resulta justificada la exigencia del Gobierno de México, que insiste en mantener una relación de igualdad, coordinación y respeto a la Soberanía de ambos Pueblos. A raíz del tráfico de fentanilo procedente de China, el conflicto entre las potencias por el control del mercado de las drogas cobra dimensiones de Guerra Mundial en territorio mexicano, impulsando en espiral el baño de sangre que ahoga a nuestro país desde mediados del siglo pasado, y embruteciendo al propio pueblo estadounidense, como medio de control político y social (1).
(1) Si deseas más información sobre el tema, te ofrezco mis artículos Guerra Mundial en México, Hipocresía de Trump y El Gran Hablador, en este mismo Blog Archivo Adjunto.
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