La declaración del Secretario de Defensa de los Estados Unidos Peter Hegseth, según la cual China prepara una inminente invasión militar a la Isla de Taiwán, es una balandronada irresponsable que abona al ambiente de miedo y odio propagados a nivel internacional por el Gobierno de los EEUU, que empuja al orbe a una Guerra Mundial.
La acusación directa al Gobierno de Pekín tuvo lugar el sábado pasado en la reunión Cumbre de Seguridad Asiática denominada Diálogo Shangri La, cuyo foro internacional que se celebra en Singapur desde hace 23 años, es organizado por el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos con sede en Londres. Hay que recordar que Peter Hegseth es un comentarista de la cadena de Noticias Fox, sin experiencia diplomática ni política, que fue nombrado Secretario de Defensa por Donald Trump hace cuatro meses, al inicio de su actual mandato.
La declaración viola los compromisos contraídos por los EEUU en 1972, en los que como resultado de las gestiones de acercamiento con China, el Gobierno doble juego de Richard Nixon y Henry Kissinger, gestionó a trasmano y obtuvo de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas ONU, el reconocimiento del principio de Una Sola China. Lo anterior ocurrió a despecho de una realidad que hasta la fecha mantiene dos sistemas: el de Territorio Continental con capital en Pekín que en la actualidad gobierna sobre 1,400 millones de chinos y el de Taiwán que en la antigua Isla de Formosa, alberga 23 millones de habitantes.
De la política Una Sola China resultó la expulsión de la ONU del Gobierno de Taiwán, que se suponía aliado de los EEUU, el cual dejó de representar al Pueblo Chino tanto en el Consejo de Seguridad como en la Asamblea General de dicho organismo, entrando en su lugar el Gobierno Comunista de Pekín, del Presidente Mao Tse Tung (1). En el contexto de la Guerra Fría, esta decisión causó el temor de que en forma inmediata seguiría una invasión armada por parte de China a la Isla de Taiwán sin embargo, tal previsión que parecía lógica resultó equivocada y en cambio, el Gobierno de Pekín mantuvo el estado de cosas y lo aprovecha en forma creativa hasta el día de hoy, lo que desmiente la acusación de Hegseth.
En efecto, a pesar de las tensiones que al interior del Gigante Asiático pudiera ocasionar la coexistencia de dos sistema políticos y económicos en su territorio, China utiliza a Taiwán como enclave y puerta de acceso a los mercados mundiales, así como a los avances industriales y tecnológicos de Occidente. Lo anterior ha operado en favor de la apertura de China iniciada en los años setenta del siglo pasado, de manera que se ha establecido un modus vivendi que en la práctica ha resultado conveniente para todos los involucrados.
Sin embargo la llamada Guerra Comercial emprendida por los Estados Unidos ha ido acompañada de un discurso incendiario que de persistir puede llegar a un punto de no retorno que derive en una conflagración de cobertura mundial, en el que saldrán a relucir por supuesto armas nucleares. A ello se debe que ante lo declarado por el lenguaraz Secretario de Defensa de Washington, China haya respondido exigiendo a los EEUU que no intervengan en sus asuntos internos y expresando su “profundo descontento”, al tiempo que advierte a su contraparte: “no jueguen con fuego”.
El desprecio a los compromisos internacionales contraídos en el seno de la ONU hace cincuenta años, de los que resultó el principio Una Sola China, genera profunda desconfianza en los más cercanos aliados de EEUU, que azorados presencian la facilidad con la que el más alto liderazgo de Occidente, se desdice y se raja.
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