La reunión cumbre del los países denominado BRICS, que tendrá lugar en Río de Janeiro el fin de semana próximo, que agrupa a países como Brasil, Rusia, India, Sudáfrica, Arabia Saudita, Emiratos Árabes, etcétera, es un paso más en la construcción de un Sistema Multipolar, frente a la alternativa de un Gobierno Mundial Único y Hegemónico.
La globalización de la política y la economía del mundo llegó para quedarse, pese al desvarío de los Estados Unidos, que habiendo sido su principal impulsor, parece estar dando marcha atrás. La reversa encierra al coloso de América del Norte en la contradicción de aislarse en un anacrónico proteccionismo económico por una parte, y en la pretensión de instaurar un gobierno mundial unipolar por otra, bajo el poder único y hegemónico de los EEUU o mejor dicho, de la oligarquía plutocrática que controla a dicho país.
Por lo que toca a nuestra patria, vivimos un proceso de integración económica en el Tratado México, Estados Unidos y Canadá T-MEC, en virtud de la ubicación geográfica de los tres países. En el caso nuestro la relación binacional con los EEUU no se reduce a una mera vecindad, sino a un modo de compartir el mismo espacio continental y una historia común con sus luces y sombras, habida cuenta que más de dos millones de kilómetros cuadrados del territorio de los EEUU fueron parte de México, y hoy día millones de mexicanos de origen, habitan al norte del Río Bravo.
La cerrazón en la que han caído los EEUU, cuyo Presidente propone el pleito nuestro de cada día, ha llevado a nuestro Gobierno a poner en marcha una estrategia de substitución de importaciones y diversificación de exportaciones, que sin menoscabo del T-MEC, nos hace voltear a los cuatro puntos cardinales del planeta. Es importante que México haya sido invitado como país observador a la próxima cumbre del BRICS, porque resulta pertinente y necesaria la construcción de un Sistema Mundial Multipolar, cuyos paises participantes actúen en base a consenso, de acuerdo a la identidad cultural e intereses de cada uno de ellos.
Esta forma de integración universal es congruente con la Doctrina Social Cristiana que postula como fin de la política el Bien Común de la Sociedad, en base a los principios de Solidaridad y Subsidiariedad. En el plano internacional el principio de Solidaridad implica la mutua cooperación entre los Estados Nacionales, y por Subsidiariedad se entiende el conjunto de derechos y obligaciones de los gobiernos nacionales entre sí, y un sistema de gobernanza supranacional, exento de pretensiones de dominio absoluto, y que esté basado en el respeto a la Soberanía Política de cada Estado y la plena aceptación de la identidad cultural propia de cada sociedad.
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