La campaña mediática de Donald Trump en la carrera del Partido Republicano a las elecciones intermedias de 2026, arranca en las páginas del diario New York Times (NYT) del viernes pasado, con la amenaza de intervenir no solo en México, sino en toda América Latina, con el pretexto de la guerra contra el fentanilo.
Esta estrategia mediática electoral fue utilizada respecto a México en los comicios del año pasado, que llevaron a Trump por segunda vez a la Casa Blanca, a raíz de lo cual los cárteles internacionales que operan en nuestro país fueron declarados Organizaciones Terroristas. La noticia del NYT asegura que Trump firmó una “orden ejecutiva secreta”, de cuyo contenido solo se sabe que involucra al Ejército de los EEUU para que sin previa autorización del Congreso, asuma labores de policía dentro y más allá de sus fronteras (1).
En paralelo a la orden ejecutiva en comento, los EEUU ofrecen una recompensa de 50 millones de dólares por informes que conduzcan a la captura de Nicolas Maduro, presidente de Venezuela. Pese a que la legitimidad del gobernante referido está cuestionada a nivel internacional, los EEUU no tienen derecho a emprender intervención alguna en Venezuela y de acontecer ésta, provocaría un baño de sangre de dimensiones inciertas y por tanto, no es el camino que requiere la reconciliación del pueblo venezolano para consigo mismo.
El caso es que los EEUU se dicen víctima del flagelo de las drogas, cuando han sido ellos quienes han dirigido una batalla militar, política y cultural para imponer a América Latina y al mundo sus modos de vida, incluido el consumo masivo drogas para efectos de control social y como gran negocio para unos cuantos. Esta política deriva de la Doctrina Monroe que reza: América para los Americanos, que planteó el presidente James Monroe en 1823 contra la injerencia colonial de Europa en el Continente Americano, y hoy se utiliza con propósitos imperiales en la guerra China-EEUU por el control del comercio mundial incluido el tráfico ilícito de fentanilo (2).
Durante el Siglo XIX los EEUU se apoderaron del escenario continental; despojaron la mitad del territorio mexicano; arrebataron a Colombia el Istmo de Darién donde pusieron bajo su control el Canal de Panamá; dieron el tiro de gracia al Imperio Español en sus últimos reductos: Cuba y Filipinas y desplegaron su flota armada de Alaska a la Patagonia. Los pueblos de América Latina tuvimos culpa por omisión, pero está claro que EEUU es el agresor y además es el primer impulsor del deterioro social generalizado, que incluye el tema del fentanilo y el grave problema de salud pública que implica.
El enorme mercado de armas y drogas, así como las ganancias que producen se ubican en los EEUU y nada podrá borrar la responsabilidad que atañe a las élites de aquel país, por lo que el combate a esos crímenes se deberá enfocar en las causas sociales y con mayor énfasis en territorio estadounidense. Mientras Washington no reconozca lo anterior ni actúe en consecuencia, el discurso mediático de Trump o del gobierno que estuviere en los EEUU es palabra vana, simple ejercicio de propaganda y mero pretexto intervencionista.

0 comentarios