Frente al Huachicol Fiscal que puso al descubierto la participación en la red criminal, de altos mandos de la Marina Armada de México, es obligado repasar el desempeño de las Fuerzas Armadas en nuestro país, en los últimos ochenta años.
Durante la Guerra Fría (1946-1990), México estuvo alineado al bloque liderado por los Estados Unidos en contra de la Unión Soviética, al tiempo que buscaba ser independiente de ambos imperios junto con otros países no alineados. Durante este período nuestras Fuerzas Armadas estuvieron a la retaguardia en apoyo a los EEUU, incluida la protección a la siembra estratégica de opio en la Sierra de Durango para fines medicinales, que fue el origen del tráfico de drogas, base de la revolución contracultural en el país vecino, que en los años 60 estaba siendo exportada y difundida en todo el mundo.
La producción estratégico militar de drogas impuesta a México por EEUU degeneró en un gran negocio criminal que contaminó a los gobiernos y por ende a nuestras Fuerzas Armadas, que no obstante haber contagiado a ciertos mandos, ambas instituciones han conservado en gran medida su espíritu de lealtad y servicio a la Nación. La caída del Muro de Berlín y de la Unión Soviética (1989-1990) puso fin a la Guerra Fría, pero la disputa de las bandas internacionales al calor de la globalización por el control de los mercados, desató un conflicto mundial que en México se libra en nuestro territorio, como ruta de paso a los EEUU.
En la era neoliberal nuestras Fuerzas Armadas navegaron al garete entre los extremos de apoyar a las bandas y la supuesta guerra total, siempre bajo la dirección de la DEA y otras agencias de los EEUU, que en el proceso de globalización fueron sometidas a intereses económicos y políticos contrarios al bien común de las sociedades de ambos países. Una vez que cambió el mundo, la presencia de bandas internacionales operando en nuestro suelo patrio, y llevando fentanilo de Asia a los EEUU, hicieron obligado redefinir la misión de nuestras Fuerzas Armadas para que su actuar quedara dentro de un nuevo marco constitucional.
En su discurso el régimen neoliberal sostuvo que el Ejército y la Marina deberían permanecer en los cuarteles pero jamás los regresó a éstos, lo que permitió a los presidentes de aquel tiempo manipular a tan nobles instituciones para que hicieran el trabajo sucio. López Obrador que desde la oposición reclamó al Ejército la represión contra los disidentes en la era del PRI, a su llegada a la Presidencia moderó su desconfianza y encontrando interlocutores adecuados dentro de las Fuerzas Armadas, emprendió un acuerdo de reconciliación histórica y rescate institucional.
De ahí viene la Reforma a la Constitución a partir de la cual hoy día enfrentamos al narcotráfico mediante un sistema coordinado de corporaciones de distintas vocaciones y perfiles, para atender tanto temas de Seguridad Nacional como de Seguridad Pública, al haberse desdibujado la línea que separaba ambos retos. La crítica según la cual el nuevo esquema plantea riesgos de corrupción, parece ignorar que todos los seres humanos estamos expuestos al mal desde que fuimos echados del Paraíso Terrenal, y nuestros Soldados y Marinos no son excepción (Génesis 3, 23-24).
Es inadmisible que las cosas hubieran seguido como antes y la simpleza de “permanecer en los cuarteles” tampoco es razonable, porque además de quedar indefensa la Sociedad Mexicana, nuestras Fuerzas Armadas habrían quedado reducidas a costosos elementos de adorno y ceremonia.
Es importante relacionar esta reflexión con mis artículos Sociedad Bajo Asedio y Guerra Mundial en México, en este mismo Blog, Archivo Adjunto.

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