El cese al fuego en la Franja de Gaza, pactado en Egipto bajo el patrocinio de los Estados Unidos, es una farsa que no pone fin a los horrores del genocidio, ni ofrece garantía de una paz duradera.
Lejos de tener mérito la intervención del presidente Donald Trump en el caso, deja en claro el respaldo histórico y actual de los Estados Unidos al sionismo en dinero y armas, que ha hecho de Israel un enclave colonial beligerante de los EEUU en Oriente Medio. El cese al fuego ha sido decretado en un momento en que la destrucción material es un hecho consumado, y la regeneración humana y social si es que aún es posible, requerirá de un gran esfuerzo por décadas, siempre y cuando el Estado Palestino sea una realidad respetada por Israel y los EEUU, lo cual aún está por verse.
Ha sido la presión de la sociedad civil en todo el orbe y el total desprestigio del Sionismo, lo que obligó a montar el teatro y la farsa de paz. Sin embargo la matanza sigue y Netanyahu se jacta de haber lanzado ciento cincuenta toneladas de bombas sobre los palestinos en la última semana, con la excusa de que Hamás no ha entregado la totalidad de los cuerpos de los rehenes muertos; el flujo de alimentos y medicinas se ha reducido a la mitad de lo anunciado, sin que ninguno de estos pretextos, guarden proporción de una cosa con otra es decir, la entrega de los cadáveres y la continuidad del genocidio.
Lo anterior es una burla a la que se añaden la verborrea trumpista que no cesa en sus amenazas y la exclusión de la Autoridad Nacional Palestina ANP, entidad autónoma que ha gobernado Palestina desde 1994. La ANP es representante y administradora de los intereses del Pueblo Palestino con vista a la constitución de un Estado propio, y como tal ha sido reconocida por diversas resoluciones de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas ONU, entre las que destaca la Resolución 67/19 que reitera múltiples precedentes de la propia ONU, que desde 1947 ordenan la creación de un Estado Palestino (1).
Israel y los EEUU borran de la escena a la ANP, mediante una estrategia perversa para dividir a la causa palestina, en función del destrozo territorial causado por el Estado Judío. El gobierno de la ANP impera tanto en Cisjordania como en la Franja de Gaza sin embargo, la intromisión física de Israel se interpone entre ambas fracciones dividiendo al territorio palestino; el Sionismo puso en marcha un plan de apoyo a la organización terrorista Hamás para que tomara el control de facto de la Franja de Gaza, desplazando al Gobierno Palestino reconocido por la ONU, lo que ocurre con la traición de Qatar que juega el papel de falso mediador (2).
Algunos señalan que el ataque a Israel el 7 de octubre de 2023 fue un acto de provocación de EEUU, Israel y Hamás al amparo de este plan siniestro, para “justificar” la ocupación y el exterminio de los que estamos siendo testigos. La teoría tiene lógica porque aquel ataque nunca tuvo sentido estratégico y al contrario, además del asesinato irracional de más de mil víctimas inermes, Hamás capturó rehenes judíos cuyo secuestro a fin de cuentas, no tuvo otro resultado que el de ensuciar la causa palestina mientras duró el engaño.
Como parte de la farsa Donald Trump no deja de vociferar en contra de Hamás sin embargo, el “acuerdo de paz” en comento incluyó la liberación de las cárceles judías de doscientos militantes de esa organización terrorista, lo que mantiene en jaque a la Autoridad Palestina Legítima y pone de manifiesto la hipocresía de los EEUU e Israel, que enarbolan la bandera en contra del terrorismo (3).
(3) Si deseas más información sobre este tema, te ofrezco mis artículos Aventura Sangrienta, Holocausto Palestino, Planeta en Llamas y Crimen Consumado, en este mismo Blog, Archivo Adjunto.

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