El conocimiento que hayan o no tenido Felipe Calderón y Adán Augusto López, sobre los crímenes de sus secretarios de seguridad a nivel de Presidencia de México y Gubernatura de Tabasco, genera un falso debate que nos distrae del fondo del tema, que concierne al cambio que está operando en materia de seguridad, en nuestra política de estado.
Las carreras tanto de Genaro García Luna como de Hernán Bermúdez Requena inician dentro del sistema priísta; los dos reciben formación policiaca en el viejo régimen; tras la alternancia PRI PAN del año dos mil, ambos personajes avanzan hasta llegar a la cúspide. Uno y otro fueron capacitados por las Agencias del Gobierno de los Estados Unidos, lo cual no solo los certificó como aptos y confiables, sino que García Luna fue objeto de grandes homenajes tanto de la DEA como del FBI, la Interpol y los gobiernos de diversos países, hasta que sus amos globalistas lo desecharon como trapo sucio.
La cuestión es que para Felipe Calderón, Adán Augusto y cualquier presidente o gobernador de aquellos tiempos, todos ellos estuvieron sujetos a designar a sus funcionarios del ramo en base a la certificación de confianza de un Sistema Nacional de Seguridad, cuyo fracaso y opacidad, son causa de lo que hoy ocurre. Lo único que queda claro es que las Agencias del Gobierno de los EEUU con la DEA a la cabeza, tuvieron la última palabra en capacitación, certificación y desempeño; así lo entendió Peña Nieto que de entrada eliminó la Secretaría de Seguridad Pública y acabó por cruzarse de brazos y dejar el campo libre a la intervención estadounidense de vieja data.
La venta sistemática de armas a los cárteles que operan en México, aunado a que el mercado de las drogas y el lavado de dinero florecen en los EEUU, explican el control histórico ancestral ejercido por dicho país sobre el narcotráfico, tanto en su territorio como en el nuestro y en gran parte del mundo. La crisis del fentanilo proveniente de Asia puso en riesgo el control sobre el criminal negocio, lo que generó una guerra internacional en suelo mexicano, a raíz de la cual el actual Gobierno de México, ha sostenido nuestra soberanía como principio a partir del cual debemos construir la paz.
A su llegada López Obrador se enfrentó con esta realidad, que lo hizo dar un golpe de timón empezando por limitar la presencia de los agentes de la DEA. AMLO revivió a la Secretaría de Seguridad y creó la Guardia Nacional que hoy cuenta con 140,000 efectivos y 300 cuarteles; concertó un acuerdo con el Ejército y la Marina para operar en tareas de seguridad, como lo hicieron fuera de la Ley por cincuenta años, pero ahora dentro del orden Constitucional, para lo cual el ex presidente libró una batalla en el Congreso que generó las herramientas jurídicas, materiales y de inteligencia con las que hoy cuenta nuestro país y que antes no existían. Esto hace la diferencia.
Como parte de esa diferencia México ha puesto el dedo en la llaga en el suministro de armas al narcotráfico, que es responsabilidad de los EEUU y ha emprendido acciones legales al respecto. También en función de esa forma diferente de hacer las cosas, el Gobierno de México ha tomado la iniciativa de poner el cascabel al gato en el caso de Tabasco y una vez que se tienen elementos probados del doble juego de Hernán Bermúdez, ha procedido penalmente en su contra, sin reparar en lo que lleguen a revelar los resultados del proceso en relación con actores políticos del partido que fuere.
Pese a lo anterior nada servirá para detener el discurso antimexicano del Gobierno de Donald Trump, en el sentido de que nuestro país no hace lo suficiente al respecto, acostumbrado como está el Tío Sam a señalar la paja en el ojo ajeno, sin ver la viga en el propio.
(1) Si deseas mas información sobre este tema, te ofrezco mis artículos Guerra Mundial en México, Hipocresía del Imperio, Hipocresía de Trump y Tráfico de Muerte, en este mismo Blog Archivo Adjunto.

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