¿A dónde vas, Humanidad? documento de la Iglesia Católica que publicó en estos días el Dicasterio Para la Doctrina de la Fe, contiene una reflexión sobre la Inteligencia Artificial IA, que resulta oportuna en un momento en que la tecno ciencia está al servicio de élites dominantes, en tanto que para el hombre común amenaza su identidad.
De por sí el hombre vive en un conflicto de identidad entre la finitud de su cuerpo material y la esperanza de la inmortalidad a la que está llamado su espíritu, y hoy aparece la IA como una propuesta de transformación ontológica de la naturaleza humana, a partir de una fusión entre el hombre y la máquina. Este desafío a la naturaleza e identidad del ser humano, sitúa al cristiano de hoy día en la disyuntiva de elegir entre seguir su vocación de amar a Dios y cumplir su responsabilidad con el Prójimo a la luz del Evangelio de Jesucristo o someterse al paradigma tecnocrático.
El documento analiza los riesgos de la “infosfera”, entendiéndose como tal el ambiente en el que convergen los datos, procesos y tecnologías de la información, tanto virtual o digital como analógica o física, que hoy día están en manos de corporaciones oligárquicas al servicio de intereses económicos y políticos contrarios al bien común de las sociedades. En dicho ambiente las noticias falsas campean a sus anchas a despecho de la verdad que es vulnerada en forma sistemática y en el menos malo de los casos se relativiza (la verdad), sometiendo al hombre medio a una forma de esclavitud de la que ni siquiera es consciente.
De ahí vienen muchos de los males de nuestro tiempo incluida la llamada crisis de la democracia, y ello se debe a que la enajenación generada por este fenómeno nos ha hecho perder el sentido de la historia, generando una especie de amnesia de nuestro pasado cultural y social. Lo anterior acontece porque el mundo de la IA presenta los datos en forma atemporal, cortando el proceso educativo de enseñanza aprendizaje, que en esencia consiste en la transferencia del conocimiento y de las experiencias de una generación a otra.
El documento asegura que la tecnología digital ya no es solo una herramienta, sino que constituye un verdadero entorno de vida, que estructura las actividades humanas a costa de las relaciones presenciales. El fenómeno trastoca la noción de lo universal, porque en vez de referir a una existencia de vida compartida, y a una naturaleza humana y un fin común de la humanidad en su conjunto, todo se reduce a lo que se comparte en la conexión en el mundo de la infosfera y por ende, de un caudal de información cuya veracidad resulta imposible de verificar por su volumen y complejidad.
La tecno ciencia invade la vida social, por lo que el documento trata desde esa perspectiva una variedad de temas, desde la soledad de lo virtual, el abandono de la razón crítica, el rechazo a la propia identidad sexual, la urbanización salvaje, la explotación voraz de los recursos naturales, el desafío de los pobres, etcétera. La revolución digital nos lleva a navegar en un flujo anárquico de información entre grupos polarizados que se enfrentan de modo conflictivo y violento, y de contactos virtuales que carecen de referentes de tiempo y lugar, por lo que la solución a la amenaza que plantea la IA, reside en fortalecer las relaciones personales directas y la vida comunitaria.
La profusa diversidad temática, hace del texto eclesial en comento un documento denso, pero en virtud del interés que suscita es recomendable leerlo completo y reflexionar al respecto, aprovechando el asueto de Semana Santa (1).
- Acceso gratuito al documento ¿Quo vadis, humanitas? publicado por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe de la Iglesia Católica.

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